Respuesta autónoma de los pueblos a la Cumbre de las Naciones Unidas sobre los Sistemas Alimentarios

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 declaración lanzada en septiembre de 2021

LOS SISTEMAS ALIMENTARIOS NECESITAN UNA TRANSFORMACIÓN RADICAL.
 Según el último Informe de la ONU sobre el estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo (SOFI 2021), el número de personas que padecen desnutrición crónica ha aumentado a unos alarmantes 720-811 millones de personas. El informe reconoce que el hambre ya estaba aumentando antes de la pandemia y estima que alrededor de 118 millones de personas más se enfrentaban al hambre en 2020 que en 2019. La crisis del COVID-19 ha exacerbado los profundos problemas estructurales ya existentes de los sistemas alimentarios corporativos y cada vez más globalizados. Una transformación radical, agroecológica y basada en los derechos humanos de los sistemas alimentarios es más urgente que nunca, hacia la soberanía alimentaria, la justicia de género, la justicia climática, la justicia económica y social, la biodiversidad, la salud de las personas y el planeta, condiciones previas para una paz duradera. 

LA AGROINDUSTRIA ES EL PROBLEMA. 
Los sistemas alimentarios corporativos y la mayor influencia de los actores corporativos en la toma de decisiones políticas sobre alimentación y nutrición a nivel local, nacional, regional y global, plantean un universo de amenazas y daños a los derechos humanos y los derechos de las personas trabajadoras, las mujeres, campesinxs, pueblos indígenas, pescadorxs, pastorxs, migrantes, consumidorxs y pobres de las zonas urbanas. 
Quienes más contribuyen a la seguridad alimentaria mundial, lxs pequeñxs productorxs, son lxs más amenazadxs y afectadxs por la concentración empresarial de tierras, semillas, mercados, recursos naturales y financieros y la privatización relacionada de los bienes comunes y públicos. 
La pandemia de COVID-19 mostró un espejo de nuestro sistema alimentario. La pandemia ratificó la gran falla del sistema industrial alimentario que afecta permanentemente a nuestros territorios y cuerpos, y causa graves daños a nuestra salud, biodiversidad y ecosistemas naturales. 
Además, la COVID-19 ha mostrado al mundo entero la profundidad de las desigualdades estructurales, la discriminación, la explotación, el racismo y el sexismo que prevalecen en nuestras sociedades, exacerbando sus consecuencias sobre el hambre, la salud y la pobreza.

YA HAY SOLUCIONES: LA AGROECOLOGÍA Y LA SOBERANÍA ALIMENTARIA. 
Es necesario un cambio radical en la forma en que producimos y consumimos alimentos. Hay mucho que aprender de las redes de solidaridad y cuidados que las personas, a menudo las más vulnerables e históricamente oprimidas, han establecido durante la pandemia. 
No es necesario desarrollar nuevas tecnologías peligrosas, como los organismos genéticamente modificados, ni promover eufemismos como “intensificación sostenible”, “agricultura climáticamente inteligente” o “soluciones basadas en la naturaleza”. La solución ya existe y está en nuestros platos. Actualmente, el 70% del mundo obtiene alimentos de la red alimentaria campesina, que trabaja con solo el 25% de los recursos. 
Millones de pequeñxs agricultorxs, pescadorxs, pastorxs, trabajadorxs agrícolas y rurales y comunidades indígenas enteras practican la agroecología, una forma de vida y una forma de resistencia a un sistema económico injusto que antepone las ganancias a la vida. 
La agricultura agroecológica se adapta constantemente a las necesidades, costumbres, suelos y climas locales. Como han atestiguado innumerables expertos, la agroecología mejora la nutrición, reduce la pobreza, combate el cambio climático y enriquece las tierras agrícolas. 

LA ONU NO DEBE SEGUIR LA AGENDA DE LOS GRUPOS CORPORATIVOS. 
La Cumbre de Sistemas Alimentarios de las Naciones Unidas no se basa en el legado de las Cumbres mundiales sobre la alimentación anteriores, que dieron lugar a la creación de mecanismos de gobernanza alimentaria globales, innovadores, inclusivos y participativos basados en los derechos humanos, como el reformado Comité de Seguridad Alimentaria Mundial (CSA) de las Naciones Unidas. La Cumbre sobre Sistemas Alimentarios sigue un fuerte enfoque de múltiples partes interesadas, que pone en pie de igualdad a gobiernos, corporaciones, otros actores del sector privado, organizaciones filantrópicas, científicos y ONG. Si bien los organizadores de la Cumbre tienen como objetivo crear una ilusión de inclusión, no está claro quién tiene el control de la toma de decisiones y mediante qué procedimientos se toman las decisiones. 
A pesar del creciente reconocimiento de que los sistemas alimentarios industriales están fallando en muchos frentes, las empresas agroindustriales y alimentarias están tratando de mantener el control. Mientras que por un lado, están cooptando nuestro lenguaje: el Foro Económico Mundial está pidiendo una transformación de los sistemas alimentarios, mientras que la Cumbre se presenta como una "cumbre de la gente". Por otro lado, están desplegando la digitalización, la inteligencia artificial y otras tecnologías de la información y la comunicación para promover una nueva ola de acaparamiento de recursos, extracción de riqueza y explotación laboral; y reestructurar los sistemas alimentarios hacia una mayor concentración de poder y cadenas de valor aún más globalizadas.
La próxima Cumbre sobre los Sistemas Alimentarios es un ejemplo ilustrativo de cómo las plataformas impulsadas por las empresas, en estrecha cooperación con gobiernos afines y funcionarios de la ONU de alto nivel, tienen la intención de utilizar las Naciones Unidas para apoyar y legitimar una transformación de los sistemas alimentarios favorable a las empresas, mientras promueven en al mismo tiempo, nuevas formas de gobernanza de múltiples partes interesadas para consolidar aún más la influencia corporativa en las instituciones públicas a nivel nacional y de la ONU.

¡LEVÁNTATE CONTRA LOS SISTEMAS ALIMENTARIOS CORPORATIVOS! 
El poder que las corporaciones agroindustriales ejercen hoy en día sobre los gobiernos y la ONU deben ser desmantelados para que el bien común sea privilegiado antes de los intereses corporativos. Es hora de conectar nuestras luchas y luchar juntxs por un mundo mejor basado en el respeto mutuo, la justicia social, la equidad, la solidaridad y la armonía con nuestra Madre Tierra. 
Únete a la contramovilización de los pueblos para transformar los sistemas alimentarios corporativos.
¡Consulte el programa de nuestro evento de tres días! 

7 razones para NO participar en la Cumbre de sistemas alimentarios de las Naciones Unidas 2021

1. La Cumbre no se basa en los Derechos Humanos y de los pueblos: aunque el evento oficial promueve una estructura aparentemente inclusiva, desde el principio el proceso de organización de la Cumbre fue opaco y desmarcó a las instituciones existentes de la ONU basadas en los Derechos Humanos, así como a las plataformas legítimas de las organizaciones de la sociedad civil organizada y los Pueblos Indígenas. También ha ignorado en gran medida la crisis del COVID-19 y las múltiples y sistemáticas violaciones de los Derechos Humanos exacerbadas por la pandemia. 

2. La Cumbre está dominada por intereses corporativos: grupos corporativos y plataformas impulsadas por empresas como el Foro Económico Mundial (FEM), la Alianza para una Revolución Verde en África (AGRA), la Red Agroalimentaria Internacional (IAFN), el Consejo Empresarial Mundial para el Desarrollo Sostenible (WCBSD), la Alianza Global para la Mejora de la Nutrición (GAIN), el Foro EAT, Scaling-Up Nutrition (SUN) Business Network, así como organizaciones filantrópicas de líderes corporativos como la Fundación Rockefeller, la Fundación Gates y Stordalen quienes han estado desempeñando un papel importante en el proceso de la Cumbre. Además, presidenta de AGRA, Agnes Kalibata, fue nombrada Enviada Especial de la ONU para la Cumbre. 

3. La Cumbre promueve modelos de gobernanza altamente problemáticos basados en el multi-sectorialismo. No se debe subestimar la fuerte amenaza que representa el deliberado enfoque de múltiples partes interesadas para el sistema de las Naciones Unidas. El multi-sectorialismo trata a todos los actores como iguales, independientemente de sus diferentes roles y responsabilidades, enormes asimetrías de poder y recursos y evidentes conflictos de interés. El intento de reemplazar los modelos de gobernanza del multilateralismo inclusivo, tal como lo estableció el Comité de Seguridad Alimentaria Mundial (CSA) de la ONU, por un modelo de múltiples partes interesadas con supuestamente igual responsabilidad que todos, debilita en primer lugar el papel de los propios Estados miembros; en segundo lugar, facilita una influencia indebida de los intereses corporativos, una tendencia de captura corporativa en la ONU; y finalmente hace imposible una definición clara de sistemas de rendición de cuentas efectivo.

 4. La Cumbre promueve un concepto de ciencia muy restringido y ataca frontalmente al Grupo de Alto Nivel de Expertos en Sistemas Alimentarios y Nutrición (GANESAN) existente del CSA. El Grupo Científico de la Cumbre propone una nueva interfaz ciencia-política que debilita y margina al Grupo de alto nivel existente. El GANESAN tiene el mandato claro de servir como una interfaz ciencia-política alimentaria mundial y funciona a través de un proceso científico-político participativo, que incluye consultas abiertas que permiten la aportación de la sociedad civil, las comunidades indígenas y todos los actores relevantes. La iniciativa de la Cumbre para un nuevo ICP, sin embargo, propone un enfoque unidimensional en la ciencia moderna, ignorando muchos de los otros conocimientos (indígena, experiencial, campesino, tácito, femenino). Estos enfoques exclusivos del conocimiento y la ciencia tienden a favorecer a los poderosos, especialmente al sector empresarial, y a descuidar los enormes problemas que plantean los conflictos de intereses para la investigación y la ciencia. 

5. La Cumbre impulsa la transformación de los sistemas alimentarios en la dirección equivocada: no hace nada para allanar el camino para el cambio profundo y urgente que se necesita en los sistemas alimentarios. Con el evento de la ONU siendo secuestrado por la industria alimentaria y la agroindustria, es probable que la narrativa de la Cumbre apoye los sistemas alimentarios industriales que promueven los alimentos ultraprocesados, la deforestación, la producción ganadera industrial, el uso intensivo de pesticidas y los monocultivos de productos básicos, lo que provoca el deterioro del suelo, la contaminación del agua y el impacto irreversible sobre la biodiversidad y la salud de las personas seguirá creciendo y causando estragos. 

6. La Cumbre promueve plataformas de múltiples partes interesadas como reemplazo de las instituciones públicas a nivel nacional, regional y mundial: en este sentido, los macrodatos y la evidencia científica se utilizan cada vez más para desplazar la participación directa y el conocimiento subjetivo de las personas en las deliberaciones democráticas dentro de los espacios de formulaciones políticas. Al mismo tiempo, las plataformas de múltiples partes interesadas tienden a orientarse hacia "soluciones" a problemas seleccionados y, por lo tanto, se caracterizan por una mezcla de pragmatismo y urgencia, que no permite descubrir las causas fundamentales e injustas, las históricas asimetrías de poder. 

7. La Cumbre no brinda soluciones para combatir la desnutrición, el hambre ni la crisis climática e ignora lo más necesario y urgente: una profunda transformación agroecológica y basada en los Derechos Humanos de los sistemas alimentarios hacia la soberanía alimentaria, la justicia de género, la justicia climática, y justicia social, biodiversidad, salud de las personas y del planeta, que son condiciones previas para una paz duradera.

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